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Relato Travesti Isabelly Dior - Esta vez, en Madrid


RELATO TRAVESTI: Isabelly Dior - Esta vez, en Madrid

Autor: Badmotor2008

Escapada primaveral de unos días a Madrid. Contacto con Isabelly unos días antes para confirmar que estará en la ciudad esos días. Será la primera vez que nos veamos fuera de Mallorca. Me hace especial ilusión visitarla en su piso.

Nuestro anterior encuentro fue antes de las pasadas navidades, en su visita sorpresa a la isla de diciembre. No ha pasado demasiado tiempo. Aún así, tengo muchas ganas de volver a disfrutar con ella. Tantas, que iré directo del aeropuerto a su piso. Tras un vuelo con algún contratiempo, marco su número de teléfono desde el aeropuerto. Me da la dirección exacta y salgo para allá. “No sé cuanto tiempo tardaré”... le digo. “Tranquilo, te espero en casa”... responde ella. Me desplazo en metro. Salgo de la parada y camino en dirección a su guarida. Excitado por lo que va a venir. Día espléndido en Madrid. Sol y buena temperatura. Último martes del mes de marzo. Final de la mañana.

Una vez en el portal, marco otra vez su número. Me abre y me indica el piso. Es un entresuelo que da a un patio interior. Una vez en el portal solo hay que subir un tramo de escaleras. Espero unos segundos y se abre la puerta. Está todo oscuro y vengo de la luminosidad exterior. Mis pupilas deben acostumbrarse al cambio. Entramos maleta y yo. Enseguida me percato de que Isabelly está en bolas. Huelo más que veo. Reconozco su olor. Me encanta. Se lo digo. Ella coge mi mano y la lleva a su paquete. Está empalmada. Uuufff. Le digo que hoy necesito pasar por el baño. No vengo directo de casa. “Calla y ponte a chupar”... contesta ella. Obedezco. Qué bueno está su pollón. Isabelly está en plan mandón. “Abre bien la boca”... escucho. Follada de boca brutal. A todo esto, seguimos en el recibidor de su piso. Yo de rodillas, aún vestido. Mientras trago pollón, ella empieza a quitarme la ropa. Fuera camiseta y jersey, todo de golpe. El resto de ropa me la quito yo. “Tírala por ahí”... suelta ella. Lo tiro todo por el suelo. Vuelvo a estar de rodillas con su polla en mi boca. No chupo. Es Isabelly quien me folla la boca. Lo hace a lo bestia. Parece que me tiene ganas. Controlo las arcadas, tarea complicada. Su barra de chocolate es dura y larga. Ligeramente curvada hacia abajo cuando está a tope. “Ven aquí”... escucho. Cambiamos de estancia. Entramos en lo que parece el salón. Ella se sienta en un sofá ofreciéndome su polla. Más mamada. Es decir, más follada de boca. Yo de rodillas. Al rato, se levanta y me lleva hasta el baño. Chupo de nuevo y, con su polla en mi boca, empieza a mearse. Sin avisar. Paladeo y bebo sus jugos. Al rato, cesa el chorro. Mamo y limpio bien su polla, tiesa en todo momento. Isabelly escupe en mi cara. Agarra su polla con su mano y un nuevo chorro impacta en mi pecho. Más intenso que el anterior. Siento su calor resbalando por mi piel. Vuelve a dirigirlo a mi boca. Mientras la llena, voy bebiendo. Su lluvia es deliciosa. Vuelve a cesar, parece que definitivamente. “Ahora puedes ducharte”... me dice. Así finaliza su impresionante bienvenida. Me da una toalla limpia y se va.

Una vez duchado, salgo del baño y me voy junto a ella. Isabelly me espera en el cuarto. Con la calma que no hemos tenido, la miro de arriba a abajo. Está más buena que hace unos meses. Su figura, más estilizada. El truco, vida sana y más deporte. No lo he dicho antes, me recibió con su melena rizada suelta y manicura francesa en sus uñas. Está tumbada en la cama. “A ver si hoy me aguantas el ritmo”... me suelta. Sus palabras, lejos de asustarme, me excitan. Casi sin darme cuenta, estoy comiendo polla. Ella relajada, dejándome chupar. Pero la calma dura poco. Se incorpora y empieza a follarme la boca. Lo hace empujando mi cabeza contra su cuerpo. “Así, toda entera”... dice demostrándome cómo debo hacerlo. Su polla, dura como una roca. Me invade una sensación de ahogo que, paradójicamente, resulta placentera. Sus manos no sueltan mi cabeza. La postura deriva en un 69 en el que yo quedo abajo. La visión de su culazo en mi cara me encanta. No puedo evitar lamer su rajita. Y comerme su agujero. Al mismo tiempo, ella empieza a follarme con sus dedos. También me pajea. Pellizca mis huevos hasta hacerme chillar. Empuja su pollón hacia atrás con su mano. Quiere que me lo coma. Alterno polla y culo, sin saber qué elegir. Atracón de vicio.

Toca follar. Hoy, abrirá mi culo clavándomela de frente. Me tumbo boca arriba mientras se calza el condón. Un poco de lubricante y empieza el festival. Entra suavemente. Hace una pequeña pausa a medio camino. Perfecta para que mi agujero se adapte a su pollón. De repente empuja más y la mete del todo. Cambia la expresión de su cara y empieza a darme como ella sabe. Embistes seguidos y profundos, en plan metralleta. Alterna el taladreo con pequeñas pausas en las que permanece quieta, siempre sin salir de mí. Me coge por los tobillos y empuja mis rodillas contra mi pecho. Me folla con las piernas abiertas. Me folla cruzándolas. Sigue dándome fuerte. Pellizca mis pezones. Escupe en mi cara. Sale y se quita el condón. Comprueba que todo está en orden.

Me la enchufa en la boca. Me da fuertes sacudidas haciendo que me atragante. La saca. Me golpea mi cara y mi lengua con su pollón. Todo dureza. “A cuatro”...escucho. Ella manda. Me voy al borde de la cama y se calza otro condón. Ella está derecha, con los pies en el suelo. Me la clava. Coloca sus manos en mi espalda para arquearla en su tramo central. Con ello, eleva mi culo hacia arriba. Como a ella le gusta. Empieza a arrearme. A su ritmo. Es decir, fuerte. Sube sus pies en la cama sin sacarla de mi culo. Más caña todavía. Empuja mi cabeza contra el colchón y embiste con ganas. Siento su polla en lo más profundo de mí. ¡¡Qué manera de follar!! Acerca los dedos de su pie hasta mi boca para que se los chupe mientras me rompe el culo. La postura, sumisa de por sí, lo es más cuando me tiene lamiendo sus pies.

Sale para cambiar de postura. Se sienta en el borde de la cama con su polla apuntando al cielo. Me dice que me siente sobre ella. “Así llevarás tú el ritmo”... me dice. Cuando voy a sentarme mirando hacia ella, me dice que no. Que lo haga de espaldas. Agarro su polla por su base, pongo la punta en mi culo y me dejo caer. Empalado de placer. Empiezo a subir y bajar follándome yo mismo. La postura dura poco. Isabelly se levanta sin sacarla de mi culo, elevándome a mí también. Quedo de pie en el centro de la estancia. Y ella detrás de mí. Me folla con violencia agarrándome por las caderas. Agacho la cabeza y encajo sus embestidas. Soy suyo.

Cambiamos de estancia. Volvemos al salón. Me hace poner las rodillas en el borde del sofá y mi culo hacia fuera. Quiere encularme desde atrás, su postura favorita. Me rompe a pollazos. Lo de Isabelly es tremendo. Me tumba boca abajo en el sofá y sigue dándome. En esa postura, mi entrega es total. Me la clava hasta las pelotas y lo único que puedo hacer es relajar mi musculatura. Siento la fuerza de sus embestidas y el calor de su cuerpo sobre el mío.

“Al suelo. Vamos al baño”... escucho en plan autoritario. Mete su pollón en mi boca para follármela. Ella está de pie. Tras un rato dándome, se queda quieta. Nueva meada, esta vez con una intensidad de chorro brutal. Llena mi boca en segundos y trago lo más rápido que puedo. Se mea en mi cuerpo. Sobre todo, insiste en regarme el pecho y la polla. “No te corras aún, eh”... ordena. “Sabes que no puedes acabar antes que yo”... añade. Cesa la lluvia y vuelvo a tragarme su polla con el sabor de su néctar aún en mi garganta. Escupe en mi cara con rabia. De repente, nuevo chorro y más lluvia. Tremendo. “Venga, póntela dura”... dice mientras se pajea. Gemidos. Chillidos. Y espasmos. Corridón espectacular. No recuerdo una descarga suya así de copiosa. Espesita y muy caliente. El sabor, delicioso. Isabelly tiembla, y yo no dejo escapar su polla de mi boca. Quiero extraer hasta la última gota de su rica leche.

Falto yo. En cuanto ella recupera el aliento, reaparece su vena dominante. Estoy de rodillas en el suelo, con la polla bien dura entre mis manos. Ella se agacha para estar a mi altura. “Venga. Dame leche”... suelta. Coloca sus dedos en mis pezones y empieza a retorcerlos. “Dámela ya”... exige. La intensidad de sus pellizcos se multiplica. “Sabes cómo funciona esto. No pararé hasta que te corras”... añade. Escupe en mi cara. Más presión y una sensación de dolor que me encanta. Cuando estoy cerca del orgasmo, me gusta que la tortura de pezones sea de verdad. Isabelly lo sabe. Acabo explotando. Corridón bestial. Quedo exhausto. ¡¡Qué intensidad!!

Paso de nuevo por la ducha. Regreso al cuarto y charlamos un buen rato. La sintonía con Isabelly es genial. No solo a nivel sexual. Me encanta toda ella. Eso sí, esta vez me deja el culo destrozado. Sabe que me va la marcha, se emociona y me folla a lo bestia. Siempre pasa lo mismo. En nuestra primera cita tras un tiempo sin vernos, me machaca. De regalo, me llevo también las marcas de sus uñas en mi pecho. Lo dije hace un tiempo. Isabelly es una gata salvaje.


Conclusiones.
Así transcurrió mi noveno encuentro con Isabelly. Ella, con la quinta marcha desde que atravesé la puerta de su piso. Festival de posturas dando vueltas por toda la casa. No sé qué decir de ella. Mis experiencias con las chicas trans suelen ser buenas. Lo suyo va más allá. No importa que nuestros encuentros se demoren en el tiempo. Conectamos como si nos viéramos cada semana. Con la mirada nos decimos todo. Así da gusto.



Added on May 27, 2016 at 12:00 am

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